4. LATRAI CIÓN
LA TRAICIÓN.
-
¿Jorgito ya guardaste tu toalla? – Preguntó
la mamá.
-¡Si Ma!, estoy listo, más
puesto que mis calcetines. – respondió bromeando.
Desde
la noche anterior, Jorgito había arreglado sus cosas pues estaba sumamente
emocionado de saber que al dia siguiente iban a ir al balneario del pueblo para
festejar el cumpleaños de su primo, y mejor amigo, Luis. A Jorgito le alegraba
la idea no solo por ir a la alberca a jugar con sus amig@s de la escuela, sino también porque sabía que
se iba a encontrar con una gran cantidad de abejas en su ambiente natural.
Jorgito y su mamá salieron muy temprano a tomar el taxi que los llevaría hasta el balneario. De los invitados a la fiesta, ellos fueron los primeros en llegar. Súper Jorge, curioso como siempre, aprovecho el tiempo para dar una vuelta en busca de abejas, pero como todavía no calentaba el sol, no tuvo mucha suerte. Después de casi una hora, comenzaron a llegar algun@s de sus compañerit@s. Entre los saludos de buenos días, los padres coincidieron en lo linda que estaba la mañana. Todos estaban listos para la fiesta, pero seguía faltando el cumpleañero, quien después de unos minutos, se apareció acompañado de sus papás. Jorgito saludo a sus tíos y antes de saludar a Luisito, se acercó con su mamá para que sacara de la bolsa el balón de futbol que le tenía de regalo. Jorgito le dio un abrazo y le aventó la bola a Luis quien, mostrando buena técnica, lo bajo con el pie y comenzó a dominarlo. Después de que todos saludaron al cumpleañero, los pequeños se pusieron a jugar a la pelota. Jorgito, como de costumbre, se puso de portero. Al primer tiro desviado le tocó ir a recoger el balón entre la maleza; fue allí que mientras iba brincando las hierbas comenzó a escuchar el sonido de las abejas. Al principio no distinguía de dónde provenía, hasta que bajo la mirada, ya casi en el suelo se dio cuenta que había muchas florecitas pequeñas y que varias abejas estaban revoloteando alrededor. Su hallazgo lo llevo a sonreír, pero no por mucho tiempo pues tenía que localizar el esférico; caminó casi hasta topar con la barda y fue en ese momento que encontró el balón, un instante después se dio cuenta que había un abejorro postrado sobre un girasol, el abejorro tenía sus alas hacia arriba y su enorme pico incrustado en lo más profundo de la flor.
–¿Ya encontraste la bola? – le
gritaron a Jorgito, quien, mostrando el balón con los brazos en alto, corrió de
regreso para seguir jugando. Así
estuvieron un largo rato hasta que alguno de los papás se le ocurrió proponer
que se metieran a nadar antes del sol del mediodía.
-Mamá, dónde dejaste mi
toalla, que ya me voy a meter-
preguntó inquieto Jorgito.
-Estoy acostado sobre ella,
ahorita te la paso. Nomás no te me vayas a meter a lo hondo y tengan mucho
cuidado. No te acerques a lo profundo, si alguno de tus amiguitos se mete, tu
no lo vayas a seguir, tu quédate solo donde alcances. ¿Me escuchaste niño? – Le dijo en tono tajante.
Jorgito
fue corriendo rumbo a la alberca mientras su mamá siguió recostada tomando sol.
L@s niñ@s comenzaron a jugar echándose clavados, pero Jorgito prefirió
quedarse nadando en la orilla de la alberca, eso lo hacía muy feliz pues desde
allí podía seguir analizando a las abejitas que se acercaban a tomar agua. De
pronto al cumpleañero se le ocurrió hacer unas carreritas de natación, todos se
emocionaron y se esparcieron para tomar sus posiciones de salida. Estando todos listos para arrancar, de pronto se
escuchó un tremendo grito que paralizó a todos:
-¡Aaayyyyyy! …¡Mamá, mamá!, …¡me
pico! – Era Jorgito quien
acababa de ser atacado por una abeja.
Con
gran dolor, y sin pensar en nada más, apretó la abeja y la arrojó tan lejos como
pudo. Llorando descontroladamente salió corriendo de la alberca en busca de su
mamá. A medio camino, comenzó a sentir un intenso ardor ocasionado por el
veneno del aguijón enterrado en su pecho, lo que le hizo recordar lo que hace
unos días había leído sobre qué hacer en caso de un piquete de abeja. En una valiente reacción de su parte, frenó
su carrera y dejo de llorar un momento. El aguijón todavía colgando de su pecho
tenía que ser extraído. Lo tomó con sus uñas en forma de pinzas, lo apretó tan fuerte
como pudo y tiro hacia afuera. De inmediato sintió alivio al ver como la
delicada punta afilada salía de su cuerpo.
En
eso llego su mamá muy asustada.
- ¿Qué te paso Jorgito?, te
dije que te portaras bien, ¿qué fue lo que paso? - Dijo con voz jadeante la madre quien
apresuradamente llegó al encuentro con su hijo.
Jorgito
llorando de dolor hizo el intento de explicarle a su mamá lo que había pasado, pero
no encontró las palabras para expresar que “una de las abejas que él tanto
quería, le había enterrado ferozmente y sin motivo, el aguijón en el pecho”. Cuando la mamá comenzaba a entender que lo
había picado una abeja, de la nada se apareció una señora con una masa hecha con lodo en sus manos, sin consultarlo con nadie, le aplicó una plasta en el pecho
al niño. Jorgito de inmediato comenzó a sentir como el fresco fango
neutralizaba el veneno que todavía seguía introduciéndose en su cuerpo.
Mientras
el resto de sus amigos nadaban y se divertían en la alberca, Jorgito se tuvo
que quedar al lado de su mamá llorando, completamente triste y decepcionado.
Jorgito estaba bien informado sobre los piquetes de abeja. Sabía que al no
presentarse reacción alérgica no se iba a morir, también sabía que el dolor
tendría que ir disminuyendo, pero lo que no lograba entender y lo que más lo
afligía, era la traición. Él pensaba que
debido a la conexión tan especial que tenía con las abejas, éstas nunca lo iban
a picar, pero resulta que se había equivocado.
-Jorgito vente a jugar fut
con nosotros, nos hace falta un portero-
Le dijo tiernamente
su primo Luis, después de que se salieron de la piscina.
-Gracias Luis, no quiero
jugar, prefiero estar solo. -
respondió Jorgito.
Ya
en la tarde a la hora de comer y partir el pastel, Jorgito casi no participo,
ni cantando las mañanitas ni rompiendo la piñata; es más, cuando sirvieron el
pastel, Jorgito en vez de acercarse prefirió irse a la orilla del balneario
para buscar abejas. Mientras caminaba comenzó a frotarse el pecho para calmar
el leve ardor que todavía sentía. Al ir llegando a la orilla del balneario, se
volvió a encontrar con una linda abejita aterrizando sobre uno de los
girasoles. Jorgito, pensativo, la miro fijamente hasta que ésta se fue volando.
Con
los colores del sol pintados en el cielo, Súper Jorge todavía con lágrimas en
los ojos y con la mano sobre su pecho, regresaba hacia la fiesta sin poder
entender porque lo habían traicionado de esa manera. Se sentía defraudado y
lastimado, tanto moral, como físicamente.
Texto y Fotografía: David Herrera
Agosto 2019.
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