6. COMER SANAMANTE.


COMER SANAMENTE.


Jorgito llevaba varias semanas comiendo de manera saludable, gracias al interés que había desarrollado por las abejas. Por un lado, venía comiendo muchas frutas, mucha miel y, por extraño que parezca, muchos insectos.

Las Frutas.
-Jorgito me acompañas por las tunas? - preguntó la mamá.
-Claro que si mamá, ya voy, deja voy por mi mochila -
- ¿Y para qué quieres mochila, si solo vamos por tunas?
-Es para llevarme mi cajita con monedas- respondió Jorgito.
-Está bien, pero córrele niño-
Jorgito no solamente llevaba su cajita con monedas para cooperarle a su mamá, también llevaba una cajita extra por si se encontraba alguna antophila muerta que le ayudara a crecer su colección.
Su inmensa curiosidad por estos insectos le había hecho notar que las abejas suelen degustar, de manera casi divina, el dulce sabor de algunas frutas. Jorgito en su afán por atraer la mayor cantidad de abejas le venía pidiendo a su mamá que le comprara frutas; las comía con gusto y dejaba los restos un tiempo en el sol para ver como las abejas llegaban poco a poco a degustar el banquete. Higos, duraznos, fresas, mangos, sandías, tunas, eran devorados, algunas veces por ejércitos de abejas. Ver eso, ponía a Jorgito a reflexionar sobre como todo ese sabor que ellas sentían al comer, luego era convertido en el condimento secreto para la elaboración de la miel.
Para Jorgito, las tunas se habían convertido en su fruto favorito, por lo dulce de su jugoso sabor, y también porque le gustaba mucho tener que ir a conseguirlas con su mamá a los puestos de la orilla de la ciudad, donde vendían tunas recién cortadas. En el lugar donde, el o la señora, pelador(a) arrojaba las cascaras de las tunas, se conglomeraban cientos de abejas. A Jorgito le encantaba ir a asomarse para verlas comer y para buscar los restos de las abejas muertas, que una a una iba recogiendo para complementar su colección.
La mamá de Jorgito estaba muy contenta de que su hijo, finalmente, estuviera integrando el termino “frutas” dentro de sus hábitos alimenticios, y también de tener alguien que la acompañara a comer tunas.

La miel.
-Jorgito ¿quieres que le ponga miel a tu té? -
-Si mamá, como lo toma la abuela por favor-
Desde aquel día en que su abuela le hizo un té como remedio para la garganta, Jorgito había adoptado la vieja costumbre de tomar té.  Y no solo eso, ahora casi no tomaba refrescos, prefería agua natural, agua de frutas, o simplemente un té, bien endulzado con pura miel de abeja. A Jorgito le gustaba pensar en la miel, como el néctar procesado. No podía creer como las abejas podían transformar el hermoso aroma de las flores y de las frutas, en algo que sabía tan rico. Le encantaba comer pan tostado con mantequilla derretida y miel, le ponía miel a los Corn Flakes o a los hot cakes, endulzaba sus aguas de frutas o cualquier tipo de té con una buena escurrida del rodillo de miel que su mamá le había comprado en el mercado. A Jorgito le inquietaba mucho probar la jalea real, el alimento de la abeja reina, por lo que su mamá ya le había encargado un frasco a su tío el apicultor.
La mamá de Jorgito estaba muy contenta de ver a su hijo comiendo miel, pues además de considerarlo tierno, también pensaba que era mucho más sano.

Los Insectos.
-Ya me voy Jorgito-, le dijo su primo, quien hasta hace poco había vivido en el cuarto de la abuela y quien no hace mucho tiempo había conseguido un trabajo que implicaba viajar por todo México.
-Sale primo, que te vaya bien, ¿cuándo vienes? -
-En unas semanas vengo a tocar base unos días por acá Jorgito-,
-Sale primo, acá te espero- dijo con voz tierna Jorgito.
- ¿Ya probaste los chapulines que traje de Oaxaca? - pregunto emocionado su primo.
Jorgito en efecto ya había probado los chapulines un par de días antes, le habían gustado mucho, sentía que tenían un sabor especial a tierra, y la textura le resultaba por demás inquietante. Cuando se comió el último chapulín de la bolsa, se le vino a la cabeza una pregunta: -¿a qué sabrá una abeja?-. Estaba seguro que no iba a matar a una abeja solo para probarla, pero sabía que una abeja muerta, una vez retirándole el aguijón, se podría comer sin ningún problema. Uno de los días cuando Jorgito regresaba de las tunas con su mamá, se metió a su cuarto, abrió su cajita y probó una de las abejas, al principio le pareció semejante al sabor terroso del chapulín, pero cuando la panza de la abeja exploto en el interior de su boca, el sabor a miel lo inundo de un placer tan fuerte que tuvo que cerrar los ojos un par de segundos. Jorgito no podía creer que supieran tan ricas. Unos días después Jorgito pensaba al momento de degustar una abeja: -Me encanta el sabor de las abejas. Las mejores son las que se acaban de morir, el sabor de su panza es mucho más fresco que las que ya tienen un rato de muertas-.
La mamá de Jorgito no hubiera estado nada contenta de ver a su hijo comiendo abejas, pues además de considerarlo aterrador, también hubiera pensado que era la cosa más insana.

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Texto y Fotografía: David Herrera el González.
Septiembre 2019.

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