7. AL DES CUBIERTO.
AL DESCUBIERTO.
Jorgito
cada día tenía más abejas en su colección y eso lo hacía muy feliz. Los últimos
días no había tenido tiempo de separarlas por lo que tenía varias escondidas en
su estuche de metal donde guardaba sus lápices, pero un día sin previo aviso su
mamá habría de encontrar otra evidencia de su locura por las abejas.
- ¡Jorgito, Jorgito, ven para
acá! - gritó con tono de mando
la mamá, quien se escuchaba muy enojada.
-Mande mamá, ¿Qué pasa? - respondió Jorgito al entrar a su cuarto.
-Me puedes explicar ¿qué
diablos es esto? – dijo
molesta la mamá.
Ella
acababa de encontrarse con una sorpresa al estar guardando unas sábanas en la
parte alta del armario. Varias cajas de zapatos muy bien acomodadas, adentro de
ellas, varios frascos perfectamente clasificados con etiquetas donde se leían: “abejas
albinas”, “aguijón puntiagudo”, “abejas negras” “abejas pequeñas”, entre otras.
-No te enojes mamá es sólo mi
colección de abejas- Dijo
Jorgito tratando de aligerar el mal estado de animo de su mamá.
La
mamá, bastante exaltada, tomó uno de los frascos, al acercarlo para ver a
detalle, se encontró con que estaba lleno de abejas, se enojó tanto que sin
darse cuenta se le resbalo de las manos, ¡PAF!. El frasco se había estrellado
al tocar el suelo, las abejas y los pedazos de vidrio habían quedado esparcidos
por todo el cuarto.
-Mi frasco- exclamó Jorgito, quien de inmediato se
inclinó para comenzar a levantarlas.
-Jorge Alberto, estás loco,
te vas a cortar. Realmente no sé qué diablos tienes en la cabeza, pero de
inmediato me tiras tus frascos y tus cajas llenas de abejas, pues yo no quiero
ver esa repugnante basura en mi casa-.
La
mamá de Jorgito estaba sumamente molesta, pero no solo eso, también estaba muy
preocupada pues el comportamiento de su hijo ante las abejas, no le parecía
para nada normal. Un par de horas después de la rotura del frasco, un poco más
calmada la mamá se dio cuenta que tenía que hacer algo para ayudar a su hijo.
Lo primero que se le vino a la mente fue llevarlo con el sacerdote de la
comunidad, pero luego de pensarlo bien, decidió que el problema no era con el
lado espiritual de Jorgito. Para ella, el gusto obsesivo por las abejas, era
más un trastorno mental que otra cosa, por lo que la idea de un psicólogo fue
la que más le convenció.
Cuando
ya se encontraban más tranquilos ambos dos, la madre comenzó a cuestionar a
Jorgito con el delicado tacto de una madre. Jorgito fue sincero con su mamá y
tiernamente le explicó que él quería ayudar a las abejas; la explicación no la convenció,
pero de igual manera dejó que Jorgito continuará hablando apasionadamente sobre
las abejas, hasta que se le ocurrió mencionar algo de lo cual se habría de
arrepentir.
-Si mamá, por eso me gusta tanto la miel, y
si supieras que hasta incluso las abejas muertas saben a miel.
-
-
¿Y tú como sabes que saben a
miel? - preguntó la mamá.
-Es que las he probado. -
- ¿Qué cosa? ¡Te sientes bien
de la cabeza!, ¿cómo que has probado abejas muertas? Jorge no sé qué te está pasando, pero esto no
se puede quedar así. Te voy a llevar con un psicólogo-.
Antes
de irse a su cuarto lo último que su mamá le dijo a Jorgito fue que el hecho de
que estuviera comiendo abejas le parecía un comportamiento completamente
inadaptado.
Esa
noche, Súper Jorge se encontraba triste pues había quedado al descubierto ante
su madre y próximamente ante un desconocido. Su hermosa misión corría peligro,
pues en esos momentos ayudar abejas, parecía no depender de él.
Texto y Fotografía: David Herrera
Octubre 2019.

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